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La adoración como estilo de vida

September 13, 2012

Al pensar en quién es y qué hace Dios, no podemos más que dejarnos llevar por el sentimiento de grandeza que Él despliega.  Sus características y sus acciones son incomparables y nuestra reacción ante Él, como criaturas insignificantes (comparándonos con el Creador), es de total asombro y reverencia.  Pero, ¿qué pasa cuando no nos encontramos en un momento específico que nos genere esta reacción?  Siendo realistas, nuestra humanidad tiene la tendencia a desenfocarse de Dios y olvidarse de sus maravillas.  ¿Qué deberíamos hacer para que en el diario vivir Dios sea el centro de nuestras vidas y así darle el lugar que Él se merece?  Deberíamos tener a la “Adoración” como nuestro estilo de vida.

 

Antes de continuar, me gustaría que hablemos el mismo idioma con respecto a los términos que usamos cuando nos referimos a la acción de venerar a Dios (dar culto).  Los más populares han sido: Alabanza y Adoración.  Aunque lo que hacemos normalmente cae entre estas dos categorías, la definición genérica debería ser “Rendir culto”.  Sin embargo, ya que la palabra “adoración” tiene un significado específico, tal vez no deberíamos usarla como un término general; pero por ahora y para efecto de este documento, continuaremos usándola como sinónimo de “rendir culto” ya que la mayoría de las personas lo usan en ese contexto.

 

Dios… ¿qué representa esa palabra en nuestras vidas?  ¿Nos da miedo?  ¿Sabemos que existe pero sólo nos acordamos de Él los domingos en la celebración?  ¿Conocemos Su plan para nuestras vidas?  ¿Entendemos que espera Él de nuestra relación con Él?  Hay una gran necesidad de alimentar nuestro conocimiento de Dios para que podamos conocerlo mejor; lo cual va a producir que de nosotros brote alabanza y adoración pura y así culminar la razón para lo que fuimos creados; que es rendirle culto a Dios ahora y por la eternidad.

 

Si se dan cuenta, hasta este punto no hemos mencionado nada acerca de música.  Probablemente al iniciar la lectura se podría pensar que el tema a tratar sería ¿cómo rendirle culto a Dios de mejor forma por medio de la “banda” o equipo de adoración?  Uno de los propósitos principales de todo lo que estamos descubriendo acerca de la adoración es entender que aunque la música ha sido la manera tradicional de rendirle culto a Dios colectivamente, realmente ella va mucho más allá de eso.  La música ha sido y continuará siendo una forma recomendada por Dios para rendirle culto.  Resulta obvio que sea así, ya que la música es atrayente y motiva a unirse al son de lo que se está escuchando.  Es una forma de expresión fuertemente liberadora (motiva a “dejarse ir”) y estimula, ricamente, todos nuestros sentidos.  Una herramienta “perfecta” para rendirle culto al único y maravilloso Dios.  Espero que con esta pequeña descripción del uso de la música, se den cuenta lo mucho que valoro y me encanta la forma como todos juntos hemos estado adorando a Dios. Nuestro reto es que indagar con mayor profundidad la idea integral de Dios en cuanto a rendirle culto, les aseguro que conforme lo vayamos descubriendo en lo personal, nuestras vidas serán vidas de adoración a Dios y los ratos de adoración conjunta serán de mayor efectividad.

 

Dad a Jehová, oh familias de pueblos, dad a Jehová la gloria y el poder.

Dad a Jehová la gloria debida a su nombre; traed ofrendas y venid ante su presencia; adorad a Jehová en la hermosura de la santidad;

Tiemble ante su presencia toda la tierra. Ciertamente ha afirmado el mundo, y no será movido.

¡Alégrense los cielos, y gócese la tierra! Que digan entre las naciones: “¡Jehová reina!”

¡Ruja el mar y su plenitud! ¡Regocíjese el campo, y todo lo que hay en él!

Entonces cantarán con júbilo los árboles del bosque delante de Jehová, porque él viene para juzgar la tierra.

¡Alabad a Jehová, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia! (1 Crónicas 16:28)

 

En muchos versículos de la Biblia se nos exhorta a unirnos al resto de la creación en adoración constante.  El libro de Apocalipsis habla numerosas veces sobre como los creaturas celestiales continuamente rinden culto a Dios; dejándonos saber que ese es el futuro que nos espera cuando estemos eternamente con Él.  “La mayor verdad de Dios es que Él merece nuestra adoración, y la verdad más profunda acerca de nosotros es que hemos sido creados para adorarlo” (Matt Redman, Lo que todo Adorador debe saber, p.95).  Muchos de los temas del Antiguo Testamento (sacrificios, logística del templo, el sacerdocio, etc.) nos parecen irrelevantes pero ellos tienen su base en la importancia de la adoración para nuestras vidas y sociedad.  Llega a tal punto la naturalidad de la adoración, que esta práctica fue común para la gente que presenciaba las grandezas realizadas por Jesús.  En Lucas capítulo 19 versículo 38 al 40 se nos recuerda que la creación va a adorar; con o sin nosotros, porque si fuese necesario, hasta las piedras gritarían.  La única forma de que nuestra naturaleza no nos lleve a adorar a Dios es porque no lo consideramos Rey sobre toda la creación.  Si rendir culto a Dios es tan natural, ¿Por qué, entonces, se nos hace tan difícil vivir una vida llena de adoración?  Carl Tuttle menciona unas cuantas razones (Introduction to Worship, p.18):

 

  • Engaño: La interferencia del reino del mal.
  • Pecados no confesados en nuestras vidas. (Salmo 66:18; Isaías 59:2)
  • Culpabilidad: No recibir Su gracia o perdón. (1 Juan 3:18-20)
  • Temor: De expresar sentimientos desde lo profundo, rechazo de Dios y del hombre.
  • Ego: Nuestra propia imagen.
  • Conceptos erróneos de Dios – debemos “ver” a Dios diariamente. (Salmo 73; Isaías 44:14-16)
  • Cultural: Educación social; falta de enseñanza.
  • Auto-compasión, sentirse cargado, de luto.

 

Entonces, la razón principal que nos lleva a olvidarnos de Dios en nuestras vidas cotidianas, eliminando la adoración a cada minuto, es que somos afectados por innumerables distracciones. La adoración es inevitable, si no es para Dios lo es para cualquier otra cosa.  Como dice Don Williams: “Al llegar al final de esta era, los temas se ven claramente.  El campo de batalla está definido.  O adoramos al Dios viviente, o al diablo con todas sus máscaras y disfraces.” (Matt Redman, Lo que todo Adorador debe saber, p.96)  Aunque tal vez no nos postremos ante alguna estatuilla o tengamos las cosas materiales en un altar, pero si las cosas de este mundo son nuestra prioridad, Dios está en un segundo plano.  Andy Park en su libro confiesa: “Yo ocupo enfocar mi vida en Jesús todos los días.  Yo soy como todos los demás – me siento halado de mi búsqueda de Dios debido a todos los dioses falsos de este mundo.” (To Know You More, p.59)  Josué 24:15 dice: “Pero si a ustedes les parece mal servir al Señor, elijan ustedes mismos a quiénes van a servir… Por mi parte, mi familia y yo serviremos al Señor”.  Todos los días tenemos que preguntarnos, ¿A quién voy a servir hoy?  Romanos entrelaza estos dos principios (servicio y adoración) en una forma muy clara:

 

Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios.  No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente.  Así podrían comprobar cual es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta. (Romanos 12:1-2)

 

No es posible servir a dos reyes a la vez.  Uno se puede dar cuenta de lo que ama la gente por lo que dicen y como lo dicen.  Si constantemente nos encontramos hablando de Jesús, se va a notar que estamos locamente enamorados de Él.  Si todo lo que hacemos y todo lo que hablamos está relacionado con cosas de este mundo, es claro que nuestro centro de atención no es Dios.  Cuando nos “fuerzan” a adorar (en una celebración o grupo de hogar) lo haremos como un acto meramente religioso y será precisamente eso – una acción vacía.  “El propósito de la adoración no es el producir un sentimiento de éxtasis o un estado mental de paz.  Ni es el propósito de la adoración el obtener algo para nuestro beneficio.  Alabamos y adoramos porque sólo Dios es digno de nuestra adoración.” (Samuel Tippit, Digno de Adoración, p.28)

 

La única forma de poder contrarrestar los efectos llamativos de lo que nos ofrece el mundo es poner a Dios en el lugar que se merece – en el centro de todo.  “Si nosotros somos los que controlamos nuestras vidas, hay poca necesidad de buscar al Señor.” (Andy Park, To Know You More, p.58)  El conflicto aparece cuando nuestro ser egocéntrico no quiere morir para que a Dios se le dé la atención y la gloria que se merece.  Tener a Dios en el centro de todo es una disciplina ya que nuestra tendencia es hacerlo todo sin tomarlo en cuenta.  El proceso para poner a Dios en el centro inicia cuando nosotros admitimos realmente que Él es Dios y no nosotros.

 

Se requiere de verdadera humildad para poder reconocer la realidad de quiénes somos.  Aunque Dios nos ama mucho y nos valora inmensamente llamándonos hijos, hay que recordar que aunque somos “príncipes” y “princesas” no ocupamos el trono.  ¡Él es el Rey de reyes! También hay que recordarnos, diariamente, que también somos llamados siervos de Dios.  Y como siervos la obediencia es parte de nuestra “descripción de trabajo”.  Yoshiaki Hattori dice: “… absoluta obediencia a Dios, el Creador y Redentor, es el requerimiento básico necesario como actitud de quien verdaderamente adora a Dios” (Matt Redman, Lo que todo Adorador debe saber, p.112)  No se puede ser un adorador si no se es obediente.  “Rendir culto es una disciplina voluntaria hecha por obediencia.  Es opcional sólo en el mismo sentido que lo es estudiar la Palabra, la comunión entre nosotros y la oración.  En otras palabras, ¡no lo es!” (Carl Tuttle, Introduction to Worship, p.9)  Tal vez esto es más evidente en el Antiguo Testamento ya que había una forma específica para cómo llevar a cabo la adoración.  Pero el principio no cambia ya que sabemos que la obediencia es humildad y la humildad – adoración.

 

Si no arriesgamos a dar el paso en obediencia a las palabras que Dios nos ha dado, nunca sabremos lo que es confiar en Él.  Si sólo intentamos lograr cosas que se encuentran dentro de nuestro límite de fortaleza, nunca experimentaremos la capacidad que nos da Dios para hacer cosas que van más allá de nuestro alcance.  Nunca tendremos una canción personal de victoria para cantar en alabanza. (Andy Park, To Know You More, p.57) 

 

La obediencia está totalmente ligada a complacer a Dios y le adoramos para complacerlo.  Como dijera Samuel: “¿Se complace tanto Jehová en los holocaustos y en los sacrificios como en que la palabra de Jehová sea obedecida? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención es mejor que el sebo de los carneros.” 1 Samuel 15:22

 

Por otro lado, el crecimiento cristiano es de adentro hacia afuera.  Podemos obedecer muchos de los mandamientos bíblicos pero si no tenemos comunión íntima con nuestro Señor no tenemos verdadero conocimiento de Él y de lo que desea hacer en nosotros y por medio de nosotros; ya que la vida cristiana es un constante crecer en gracia y conocimiento.  “Las palabras bíblicas para la adoración no representan conceptos discretos, sino que son parte de un mosaico de pensamiento sobre cómo relacionarnos con Dios.” (Matt Redman, Lo que todo Adorador debe saber, p.72)Adorar a Dios no tiene ningún sentido al menos que tengamos una relación íntima con Él (Isaías 29:13; Mateo 15:8-9)  “La adoración en la forma más genuina tiene que ver con la relación.” (Matt Redman, Lo que todo Adorador debe saber, p.140)  John Wimber define intimidad como: “pertenecer a, o revelar el uno con el otro lo más profundo de nuestra naturaleza (en este caso a Dios), y esta marcado por una asociación cercana, de presencia, y contacto”  (Thoughts on worship, p.4).  Rendir culto es un acto de aprecio – de amor.  Una de las palabras griegas más usadas en el Nuevo Testamento refiriéndose a adoración es Proskuneo lo cual significa: Acercarse y besar.  La única forma de poder dar un beso con sentido real es si hay cierta intimidad con esa persona.

 

Cuando consideramos todas las palabras usadas para adoración, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, y cuando ponemos los significados juntos, encontramos que la adoración involucra tanto actitudes (temor, reverencia, respeto) como acciones (arrodillarse, alabar, servir).  Adoración no es un sentimiento inexplicable, ni es una formalidad vacía.  La adoración verdadera es balanceada e involucra la mente, las emociones y la voluntad.  Debe de ser inteligente; alcanzar la profundidad de uno mismo, es motivada por el amor; y nos lleva a actos de obediencia que glorifican a Dios. (Warren W. Wiersbe, Real Worship, p.21)

 

Al rendirle culto a Dios por lo que Él es y lo que Él hace, llegamos a entender más profundamente quién es Dios ya que no podemos adorar en forma absoluta lo que no conocemos.  He allí la importancia de conocerle realmente.  Entre más información tengamos acerca de Dios y lo que Él hace, más adoración brotará de nuestro ser y nuestras vidas tendrán mayor armonía con los deseos de nuestro Señor.  Cuando adoramos nos encontramos cara a cara con Dios.  Al encontrarnos continuamente con Dios, iremos conociéndole más y más.  Y conforme vamos conociéndole, nuestro corazón empieza a ser inundado por Él.  Al tener un poco del corazón de Dios, empezamos a sentir la importancia por las cosas que Él considera importante.  Matt Redman lo explica de la siguiente forma: “Cuando entiendes un poco el corazón que tiene el Padre hacia ti, también vas a entender un poco de Su corazón para con los perdidos.  Cuando ves algo de la gloria de Dios, te va a importar que Él no esté glorificado en toda la tierra.” (Andy Park, To Know You More, p.61)  La Biblia es la principal fuente que tenemos para ir conociendo quién es Dios (Ej. Isaías 6:1-5; Ezequiel 1:26-28; Daniel 7:9-10; 13-14; Apocalipsis 4:2-4; Salmos 93:1-2; Salmos 95:1-5; Salmos 98:2-3) pero no lo comenzaremos a conocer si no pasamos tiempo juntos y aprendemos a escuchar Su voz.

 

En el libro de Jeremías, Dios nos enseña que aunque en su época los sacrificios fueron sumamente importantes, cuando Dios sacó a su pueblo de las garras de Egipto lo principal que les pidió fue que escucharan Su voz.

 

Porque el día en que los saqué de la tierra de Egipto, no hablé con vuestros padres ni les mandé acerca de holocaustos y sacrificios.

Más bien, les mandé esto diciendo: ‘Escuchad mi voz; y yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo. Andad en todo camino que os he mandado, para que os vaya bien.’

Pero no escucharon ni inclinaron su oído, sino que caminaron en la dureza de su malvado corazón, según sus propios planes. Caminaron hacia atrás y no hacia adelante.”  (Jeremías 7:22-24)

 

¿Será que el ruido de nuestras vidas no nos permite escuchar el susurro del Señor y eso nos lleva a “extraviarnos” al igual que el pueblo de Israel?  “Hay tantos ruidos diferentes en nuestras vidas que pueden ahogar los susurros de Dios.” (Matt Redman, Lo que todo Adorador debe saber, p.136)  Por eso es importante separar el tiempo para estar con Dios y no sólo hablarle cuando estamos manejando camino al trabajo o lavando los platos de la noche anterior.  Louie Giglio dice: “La vida de adoración es una vida de reflexión.  En otras palabras, es esencial crear tiempo y espacio para pensar, si deseamos adorar a Dios.  Una vida de reflexión requiere tiempo para maravillarse.  Tiempo para pensar.  Tiempo para reflexionar.  Tiempo para mirar hacia arriba.” (Matt Redman, Lo que todo Adorador debe saber, p.51)  Esto es mayormente logrado en secreto; donde no hay distracciones o agendas – solo intimidad.  “La intimidad sincera es privada; los mejores momentos que usted pasa con su mejor amigo no son los momentos públicos.” (Darlene Zschech, Adoración sin Reservas, p.28)  Así mismo es con Dios.  Nuestras ganas de pasar tiempo con Él se demuestra de forma sincera en secreto y no cuando la gente nos está viendo.

 

Ahora bien, el concepto que tengamos de Dios va a influenciar la forma en que le adoramos sea en privado o en público.  Si sólo vemos la parte castigadora de Dios, tendremos temor y no lo alabaremos por Su gran amor.  Si sólo vemos la parte amorosa de Dios, nuestra adoración perderá reverencia y humildad.  Lo importante es que nuestra adoración sea genuina y no un conjunto de ritos.  Chris Jack nos advierte: “El Antiguo Testamento nos recuerda muy claramente que la adoración aceptable siempre tiene que ver más con la actitud que con el modo.”  (Matt Redman, Lo que todo Adorador debe saber, p.131)  El salmista dice: “Porque no quieres sacrificio; y si doy holocausto, no lo aceptas.  Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado. Al corazón contrito y humillado no desprecias tú, oh Dios.” (Salmos 51:16) Y Amós 5:21-23 lo expresa aun más fuertemente:

 

Aborrezco, rechazo vuestras festividades, y no me huelen bien vuestras asambleas festivas.

Aunque me ofrezcáis vuestros holocaustos y ofrendas vegetales, no los aceptaré, ni miraré vuestros sacrificios de paz de animales engordados.

Quita de mí el bullicio de tus canciones, pues no escucharé las salmodias de tus instrumentos.

 

¿Se pueden imaginar a Dios diciéndonos esto un domingo por la mañana después de terminar nuestro “sustentoso” rato de cantos?  “Lo que expresamos de forma externa debe de estar conectado con el corazón.  Si no lo está, será hecho en vano.” (Carl Tuttle, Introduction to Worship, p.20)

 

Lo bueno es que no dependemos de una forma específica o limitada para entrar en la presencia de Dios en adoración. Con tal que sea genuino, hay muchas formas de rendir culto al Soberano que no requieren de notas musicales, o de coreografías y danza.  Como menciona Andy en su libro “La oración de arrepentimiento de nuestros pecados es una forma de adoración agradable a nuestro Padre.” (Andy Park, To know you more, p.53)  A lo largo del libro de los Salmos podemos encontrar formas conocidas y poco conocidas de adoración.  Algunos ejemplos:

 

Ofrecer nuestras peticiones e intercesiones (Salmo 5:1-3)

Recibir el juicio justo de Dios (Salmo 7:6b-8)

Venimos a ser testigos  (Sal 9:11)

Recibir la respuesta de Dios a mi búsqueda (Salmo 34:4)

Dios nos gratifica con el regalo de su presencia, Él vuelve su rostro hacia nosotros (Salmo 11:4b-7)

Presentar nuestros regalos (Salmo 50:14, Éxodo 34:20)

Hacer actos de sumisión a Él (Salmo 95:6)

Cantar y alzar nuestra voz en alabanza (Salmo 100: 1-4)

 

Al ver la importancia de rendirle culto a Dios de forma individual, podríamos entonces pensar que no es tan necesario rendirle culto en comunidad ya que lo hacemos todos los días.  Pero a través de toda la Biblia podemos ver que somos animados a estar en comunión los unos con los otros y exaltar al único y verdadero Dios, juntos.  Aunque hemos enfatizado la importancia de adorar a Dios personalmente con nuestra forma de vivir, sería errado quitarle la relevancia que tiene el estar juntos, en unanimidad, adorando al único y verdadero Dios.  Por lo que no debemos de pasar por alto esta realidad, sino practicarla y fomentarla. “Podríamos pasar horas buscando definiciones de adoración, y sería fascinante por un tiempo. Pero hay un peligro en sobre-analizar: tal vez nos veríamos tentados a reducir la adoración como otra ‘actividad’ que la comunidad de Dios hace cuando nos reunimos. O tal vez caemos en la trampa de ver la adoración como algo que no tiene nada que ver con cantar o liturgia, pero como vivimos nuestras vidas. Empero, la adoración no puede ser víctima de la sobre-simplificación. Involucra todo, tanto la actividad corporativa y el estilo de vida personal.” (Worship Central Course, p. 6)

 

En resumen, la adoración es una actividad compleja que sólo se puede descubrir su profundidad cuando es practicada diariamente – individual y colectivamente.  David Crowder explica nuestro entendimiento de la adoración comparándolo a la representación de un átomo.  Aunque ningún científico ha podido descubrir en su totalidad como se ve y funciona un átomo; para darnos una idea, lo han representado por medio de los elementos que si conocen.  De la misma manera, nos falta mucho por descubrir sobre la adoración.  Afortunadamente tenemos toda la eternidad para irnos perfeccionando en esta práctica.  Lo que si no podemos ignorar ahora es que el sinónimo de ser un seguidor de Cristo y amante de Dios es ser un adorador.  Nuestro estilo de vida debe ser la adoración. “Y todo lo que hagáis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él.” (Colosenses 3:17)

 

Cuando entramos en conciencia de quién es Dios, que ha hecho, que esta haciendo y entendemos quiénes somos en Él, seremos llenos de un deseo ferviente de pasar nuestros días rindiéndole culto.  “La verdadera adoración viene de un corazón que reconoce su desesperada necesidad por la misericordia de Dios.  Pero cuando nos damos cuenta que Él es la fuente de toda bendición – sea física, espiritual, relacional o cualquier otra, no podremos contenernos de rendirle culto.” (Andy Park, To Know You More, p.51)  Si no estamos acostumbrados a rendirle culto a Dios, lo más probable es que al principio la adoración va a tener que ser un esfuerzo conciente (como lo puede ser orar o leer Su palabra).  Pero conforme desarrollamos la habilidad, esto llega a ser una reacción natural de todos los días – es más, de cada minuto.


 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFIA

 

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Nelson, Eduardo, Que mi Pueblo Adore.  El Paso, TX: Casa Bautista de

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Park, Andy, To Know You More.  Downers Grove, IL: InterVarsity Press,

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Redman, Matt, Face Down.  Ventura, CA: Gospel Light, 2004.

 

Redman, Matt,  Lo que todo Adorador debe saber  Buenos Aires:

Editorial Peniel, 2002.

 

Tippit, Samuel,  Digno de Adoración.  Deerfield, FL: Editorial Vida, 1990.

 

Tuttle, Carl, Introduction to Worship.  Worship Resource Center,

Vineyard Ministries International.

 

Wiersbe, Warren W., Real Worship.  Nashville, TN: Thomas Nelson

Publisher, 1986.

 

Wimber, John, ed., Thoughts on Worship.  USA: Zondervan Publishing

House, 1996.

 

Zschech, Darlene, Adoración sin Reservas.  Lake Mary, FL: Casa

Creación, 2002.

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