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¿Acaso hay más en la vida que esto?

November 8, 2013

Naturalmente mi mente divaga hacia las profundidades de lo incierto.  Tengo la tendencia de cuestionar todo. No porque quiero estar en contra de los que están a favor y a favor de los que están en contra; no porque creo que la anarquía es el modelo a seguir.  Si no, porque me gusta pensar que ando buscando formas de mejorar mi existencia y lo que me rodea.  Pero la verdad, no lo he logrado.  Más bien, mi pasado es evidencia de lo destructivo que pueden ser mis decisiones. Mis inquietudes demuestran lo poco que comprendo y lo sediento que estoy por la verdad.

 

Algunos de ustedes pueden pensar: “Pobre, nadie le ha ayudado; nadie le ha explicado.” Pero no, mis padres, los dos teólogos – uno con una maestría, lucharon fervientemente por instruirme en “el camino correcto”.  Pero me sentía restringido. Una vez escuché que más del 50% de los hijos de pastores abandonaban la iglesia.  Si ser criado con el conocimiento de Dios no es suficiente para llevar una buena vida, entonces puedo identificarme con la resistencia de muchos hacia la iglesia. También entiendo las acusaciones de hipocresía ya que he visto como las religiones despliegan su dedo acusador fervientemente sin estar libre de error. La iglesia ha sido culpable de tantas atrocidades que me da pena ajena: Escándalos, infidelidades, la muerte de miles de personas inocentes.  Tanto daño se ha hecho, equivocadamente usando el nombre de Dios, que para mí, es entendible que tantas personas no quieran nada con la religión; que no quieran poner pie en una iglesia, que no tengan claro cuál es su postura ante la idea de un Dios.

 

Por el otro lado, aunque decidamos ignorar estos temas, ya que parecen irrelevantes para el día-a-día que vivimos, no podemos evadir preguntarnos el propósito de nuestra existencia. Constantemente nos hacemos las preguntas: “¿Quién soy?”“¿Hacia dónde voy?” El príncipe Carlos decía: “A pesar de todos los avances de la ciencia, en lo profundo del alma hay una persistente e inconsciente ansiedad de que algo falta, un ingrediente que hace que valga la pena vivir”.  El mismo Sigmund Freud, con sus firmes posturas ateas y siendo sumamente hostil hacia la religión, admitía que en todo humano hay una sensación profunda y latente de “algo más”.  La sociedad moderna nos ha acostumbrado a la idea que la vida es como una escalera y que entre más alto escalemos menos sentimos el vacio y más sentiremos el éxito, más sentido le vamos a encontrar a nuestra vida. Freddy Mercury, el cantante de la famosa banda “Queen”, nos recuerda lo que muchos han similarmente expresado al decir: “Tú puedes tenerlo todo en este mundo y aún así ser el hombre más solitario y esa es la soledad más amarga. El éxito me ha traído la adoración del mundo y millones de libras, pero eso me ha impedido tener la única cosa que todos necesitamos, y que es una amorosa y duradera relación”.

 

¿Cuál es la verdad entonces? Si la ciencia y lo que podemos probar es lo único que necesitamos, si estamos tan avanzados con el conocimiento ¿por qué arrastramos esta hambre por la trascendencia? ¿Por qué somos seres insaciables? Si constantemente es comprobado que lo material no trae felicidad, que no nos llena de verdad, ¿será que la respuesta está en lo espiritual? ¿Será que Freddy tiene razón, será que la respuesta se encuentra en una relación? Pero, ¿cómo? Si usualmente las personas se destruyen con sus relaciones llenas de egoísmo, infidelidad y abandono. ¿Si las personas no fueran tan malas, si optaran por ser mejores, sería suficiente? Hay muchas personas que creen que la vida se trata sobre ser una buena persona. Algunos inclusive se atreven a ser bondadosos; defendiéndose así del mal karma. Otros nos insisten que la respuesta está en solamente mejorar nuestra mente y cuidar de nuestro cuerpo. Pero la verdad es que hemos sido creados como un trípode: Mente, cuerpo y espíritu.

 

El mundo es un desorden y cada vez lo hundimos más.  Y mucho tiene que ver por el hecho de que muchos viven como si su espíritu estuviera muerto; totalmente dormido. Trabajamos y nos preocupamos por la mente y el cuerpo, pero como cualquier trípode no funciona con dos patas. Lo que debería sostener, se despedaza en el suelo si no usamos la tercera pata. Por eso este mundo está despedazado. Por eso nuestras vidas están hechas un colocho. C.S. Lewis escribió: “Por primera vez me examiné con serio propósito práctico y encontré algo que me horrorizó: Un zoológico de codicias, un manicomio de ambiciones, una guardería de temores, un harén de acariciados odios”. ¿Cuál es la solución? ¿Hay perdón para mis errores? ¿A dónde tenemos que ir para saciarnos?

 

Jesús dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida (Juan 14:6). También dijo: Yo he venido para darles vida y vida en abundancia (Juan 10:10b). Muchos creen que Dios es un ogro amargado que lo único que le trae placer es entrometerse en nuestras vidas para ver donde estamos errando y castigarnos. Otros creen que es un ser ausente, que no se mete para nada con nosotros; nos dejó abandonados. Pero entre más entendemos las buenas noticas que vino a dar Jesús con su vida, su muerte y su resurrección, nos damos cuenta que todo se trata de amor; del amor que Dios tiene para nosotros. Esa relación amorosa y duradera que todos necesitamos solo se puede encontrar en Dios.

 

Escuché la historia de una persona que fue a Rumania y allí le ofrecieron una deliciosa lata de atún que le llamó mucho la atención. Porque en esa lata, las letras más llamativas decían “Cochinada”.  ¡Esa era la marca! El cristianismo, pienso yo, muchas veces se parece mucho a esta lata. Para muchos no es apetecible, para otros es un chiste… jamás la abrirían para comer lo que está adentro. Pero si tan solo fuéramos valientes y nos atreviéramos a abrirla y descubrir lo que hay adentro, descubriríamos algo delicioso.  Yo he mirado dentro de esa lata y lo que encontré fue amor. Si has sido juzgado, ofendido, o herido por un cristiano, te pido perdón en nombre de ellos. De eso no se trata. Hemos destrozado la verdadera imagen de lo que Jesús ofrece cuando le seguimos.

 

C.S. Lewis dijo: “El Cristianismo es una declaración que si es falsa no tiene importancia alguna, y si es verdadera, es de infinita importancia. La única cosa que no puede ser es moderadamente importante”. Lo que se nos ofrece diariamente es la oportunidad de indagar en la evidencia de la verdad que se encuentra en Jesús. Nos invita a descubrir que Él es el camino para encontrar todos los anhelos más instintivos de la humanidad y que lo que nos ofrece no es una religión que nos restringe y nos aburre.  Más bien, luchó en contra del sistema religioso y contra aquellos que intentaban beneficiarse del sistema. Nos vino a dar libertad. Libertad de la maldad, libertad del dolor, de las adicciones. Libre de la culpabilidad, libre del miedo, libre de la desesperación. Cosas que la humanidad ha intentado deshacerse por sus propias fuerzas y no lo ha logrado. Nos liberó para tener acceso a Dios; para tener una relación con Dios. Nos vino a ofrecer una relación amorosa y duradera. No se puede tener una relación con los reglamentos y las leyes. Pero con un Padre amoroso como lo es Dios si se puede. Por medio de Jesús encontraremos aceptación, perdón, dirección; y lo más importante: amor.

 

Atrévete a abrir “la lata”. Busca y encontraras que lo que lees es verdad. No solo para satisfacer tu conocimiento intelectual sino porque podrás encontrar todo lo que has estado buscando.

 

Si tienes ganas de indagar más, te recomiendo este video:

https://vimeo.com/21061590

¿Cuál forma? Mejor la de Dios

February 21, 2013

Últimamente Dios me ha estado recordando sobre su grandeza.  Me han llegado emails donde ponen en perspectiva el tamaño de la tierra con relación a otros planetas y el sol.  El otro día escuché una charla donde cuantificaba las distancias tan grandes que hay entre las galaxias que conocemos.  Todo para recordarme lo insignificante que soy tanto físicamente como circunstancialmente.  El estilo de vida en la cual nos desenvolvemos nos lleva a estar enfocados en nosotros mismos.  Nuestra época apoya el egocentrismo de una forma más intensa; aunque ya la tendencia ha existido desde Adán y Eva.  Eso nos lleva a estar muy pendientes de nuestras circunstancias.  Seamos honestos, ¿Cuáles son nuestras preocupaciones? 

 

“Ahh mae, a mi cel solo le dura la batería un día y en mi casa solo le entran dos rayitas de señal.  Cuando estoy viendo mis videos favoritos un domingo de tarde, vieras que lento se me pone el “yutu” (Youtube).  Vieras que el viernes tuve que quedarme en mi casa porque ninguno de mis amigos me llamo para hacer algo.”

 

Talvez mis ejemplos son un poco exagerados, pero les puedo asegurar que todos en algún momento hemos dicho o pensado una de esas frases.  Pero otros ejemplos también aplican.  Hemos luchado por años contra la depresión que ha causado un evento que marcó nuestra infancia.  Se nos derrumba nuestro mundo cuando la “mejor” relación de noviazgo que hemos tenido se termina.  Lo único que quiero es poner en evidencia que nuestra tendencia es en cerrar nuestra perspectiva hacia nuestra minúscula vida.  Al punto donde nuestras circunstancias, experiencias, traumas, cultura, y aun nuestros propios pensamientos empiezan a forjar nuestra identidad.  Es lo único que vemos.  Nuestra búsqueda de independencia, de sentir el control de nuestras vidas ha detenido el plan original de Dios.

 

En el principio de nuestra existencia como humanos, la intención de Dios fue tener una perpetua relación intima con nosotros.  En Génesis habla de que Dios se paseaba (da a entender que hasta podía ser en una forma física) e interactuaba con Eva y Adán en una forma personal (Génesis 3:8).  Su intensidad y su constancia eran posibles porque nada lo obstaculizaba.  Todo era bueno.  A la misma vez, Satanás encontró la mejor forma de intentar molestar a Dios: Causarle daño a la creación a que Él tanto ama.  Como el diablo no logró causarle ningún daño a Dios, ahora su misión es desquitarse con nosotros.  Su intención principal es distraernos de esa relación intima; ya que, hasta él sabe que esa es la única fuente para que recibamos la verdadera esencia de vida.  Logró esto al atacar el ego de Eva y ofrecerle el entendimiento, la iluminación, la autoridad y poder.  Le vendió la falsa idea que podía ser como Dios. (Génesis 3:4)  Idea que nosotros, hoy en día, nos seguimos creyendo.  Confiamos más en lo que nosotros pensamos que en lo que Dios nos ha enseñado.  No vamos a creerle a Dios hasta que aceptemos que nuestro “entendimiento” de las cosas esta basado en decepción.  Que el mero hecho que entendemos ciertas cosas es producto de una mentira.  La mentira es que somos dios: Independientes, capaces, sabios, poderosos, creativos, iluminados, autosuficientes, etc.  No voy a negar que estas cosas salen de nosotros.  Al ser criaturas hechas a la imagen y semejanza de Dios, somos la creación con la mayor capacidad de reflejar al creador.  Pero todas esas cosas siguen siendo un reflejo de Dios.  No las podemos producir.  A decir verdad, no somos capaces de producir nada sin Dios.  Al ignorar esta verdad, empezamos a confiar en nuestra capacidad para controlar las cosas y llenar los deseos más profundos de nuestro ser. 

 

Al igual que fuimos creados para reflejar a Dios, fuimos creados con anhelos y necesidades puestos por Dios para un propósito especifico.  Donde todo se enreda es cuando intentamos satisfacer los deseos dados por Dios de formas que no van conforme a Su plan original.  Él esta en contra del cumplimento de cualquier deseo cuando se obtiene fuera de los límites que con amor y sabiduría ha fijado.  No porque quiere privarnos de poder disfrutarlos; si no porque son falsificaciones de los regalos más preciosos que Dios tiene para nosotros.  Estas falsificaciones son destructivas.  No son inofensivas como a veces queremos pensar.  Traen consecuencias muy destructivas para nuestras vidas.  Por eso Dios es tan directo en dejarnos saber que nos conviene y que no.  Por el amor que tiene para nosotros, para Él es sumamente importante vernos saludables.  Pero nosotros seguimos creyendo que sabemos lo que mejor nos conviene y seguimos poniendo nuestra opinión por encima de la de Dios. 

 

Seamos honestos, si no fuera así, simplemente haríamos las cosas de la forma que Dios las planeó y no de la forma que nuestra naturaleza “berrinchoza” quiere.  Un corazón endurecido se produce cuando oímos la verdad y la creemos, pero rehusamos aplicarla.  No cedamos a la tentación de creer que somos dios.  Entre mas presente tengamos la grandeza de Dios, menos vamos a poder ser envueltos por lo vacío de nuestra minúscula vida.  Entre mas tiempo pasemos admirando (adorando) la esencia de Dios, nuestro corazón se mantendrá  humillado y sensible.  Mi oración es Dios, que podamos entender todos los días un pedacito mas de Tu incontenible grandeza para que nuestro corazón se mantenga suave y receptivo a ver las cosas desde Tu perspectiva.